Seguidores

sábado, 11 de marzo de 2017

Tercera Ponencia. Dra. Mª Rosario Ramos

Motivaciones espirituales para la tarea misionera en Thérèse de Lisieux El tema que vertebra esta Cátedra, “la audacia de evangelizar”, podría haber sido expresado por Teresa de Lisieux con todo sentido. Esta figura, Doctora de la Iglesia y patrona de las misiones, es un referente extraordinario en lo que supone una existencia creyente en el seno de la Iglesia. Tras realizar una breve contextualización de su vida desde las coordenadas familiares, conventuales y eclesiales que la marcaron, nos adentramos en las motivaciones profundas que dinamizaron su vida. Una primera motivación tiene su fundamento en la visión de sí misma: una mujer consciente de su identidad como reflejo de la Divinidad. Una segunda motivación sostiene su vida hasta el final: la visión de Dios como Amor en unidad con todo lo humano. Ella nos enseña que la audacia de evangelizar pasa por la identificación con el Amor que se convierte en potencia generadora de una Nueva humanidad

Segunda ponencia. Secundino Castro, ocd

La Comunidad evangelizadora: dinámica del éxodo y del don Para la comunidad primitiva “evangelizar” es uno de sus constitutivos. Apenas termina el evangelio se muestra la urgencia de difundirlo. Así lo constatan los cuatro evangelistas y lo confirma el autor de los Hechos de los Apóstoles en su inicio. En la predicación la comunidad se construye y se descubre a sí misma. Para ella predicar más que un mandato es una exigencia de su propio ser. El objeto de la predicación es la persona de Jesús, experimentado y comprendido desde su Pascua. En la misión se hace actual la experiencia primigenia, no sólo como memoria, sino también como presencia viva. El ver, oír y palpar de la primera de Juan, se vuelven a repetir, por eso podemos decir que la comunidad renace en la predicación. Tenía razón Pablo VI: “La Iglesia nació para evangelizar”.

Primera Ponencia a cargo de Santiago Madrigal.

El ser misionero De la Iglesia. Deseo inagotable de brindar misericordia Santiago Madrigal El Espíritu Santo será quien guíe el Concilio Vaticano II, y así la Iglesia posconciliar vive el “tiempo de la misericordia de Dios” que la lleva a hacer real su paradigma: “la salida misionera”. Así, vuelven a la mente las palabras que el Papa Juan XXIII pronunció en la apertura del Concilio: “En nuestro tiempo, la Esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia… La Iglesia Católica quiere mostrarse madre amable de todos, benigna, paciente, llena de misericordia y de bondad para los hijos separados de ella”. Cristo, centro de esta Iglesia, de su Amada, muestra su rostro, se aproxima al hombre, nos enseña a acercarnos a Dios con sus palabras: “ El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”(Jn 14, 9). El modo en el que la Iglesia debe Ser en el mundo es como “Sacramento de la misericordia divina” dónde en los pobres encontraremos su misión.

En la tarde del viernes 10 de marzo, ha dado comienzo la Cátedra Francisco Palau 2017