sábado, 21 de marzo de 2026

Mesa de experiencia orante. Modera: Eduardo Sanz ocd


 Durante esta tarde de sábado hemos tenido la suerte de disfrutar del testimonio de cuatro carmelitas, nos han hablado de su vida de oración. Ellos han sido: Sagrario Fernández ocdDanilo Ayala ocd, maría D'Souza cm y finalmente Cristiana Tamagnini cms.

En primer lugar hemos escuchado el testimonio  de Sagrario Fernandez, carmelita desclaza.


Sagrario tiene la experiencia de que Dios la ha amado primero. Tuvo una experiencia de silencio, de presencia de Dios, de paz a sus catorce años, entendió que su vida tenía que ser esa, con Dios. El proceso orante va ligado a la vida personal. ¿Por qué me eligió a mí el Señor? Desde los diecisiete años entró en el convento sin conocer el Carmelo, pero quería gastar su vida en la búsqueda del rostro de Dios. En el Carmelo conoció a los místicos, leyó sus obras, estudió la Biblia. Los primeros años fueron de sorpresas y descubrimientos. El Carmelo es lugar de conocimiento de sí misma, lugar de cruz, de despojo, de desasimiento, de trabajo constante por la fraternidad, de conocimiento de Dios. La liturgia, la mejor acompañante en la vida de oración, es la mejor en los momentos de desolación. 

A continuación le tocó el turno a Danilo Ayala, carmelita descalzo.


Constata que en su juventud ya creía que la oración era el medio para entrar en una relación de amistad con Dios, esta oración debe brotar del corazón, sin moldes establecidos. La oración espontánea era sencilla y viva que no daban espacio para el vacío. La oración íntimamente ligada a la vida, se alimenta de los acontecimientos. Se alimenta la oración de la manera de relacionarnos con nosotros mismos y con el prójimo. La segunda parte de mi vida vino la crisis. Danilo se reconocía así mismo pecador, se enfocaba sólo en sí mismo y no era capaz de darse cuenta de que Dios trascendía sus limitaciones. Dios le mostró su rostro de Padre, de manera existencial conoció este Padre que el buscaba y quería sólo su bien. Dios se acerca al hombre para engrandecerlo. Aprendió a fijar su mirada en Dios, no en sí mismo, entendió que su mirada debe ser misericordiosa. Finalmente, su oración hoy en día: Dios ha hecho concurrir todas las cosas para su bien, a pesar de los momentos de sequedad. Se siente llamado a vivir su oración desde la vida.

Pudimos también escuchar el testimonio de María D'Souza, carmelita misionera.


La oración permite fundamentar la vida con raíces fuertes. Orar es hallar un refugio seguro, una comunión silenciosa que sostiene. La oración es la fuente, de ella brotan muchos bienes. La oración significa conectarse con Dios que habita en nuestro interior. Para ello es necesario la serenidad. Creer en el amor y el apoyo incondicional de Dios. “Me sedujiste Señor y me dejé seducir” La oración es mi verdad, mi descanso, mi fuerza y mi misión. Un camino al comienzo fácil pero después entró en la purificación que Dios le presentó, Dios le mostró su fragilidad, su timidez, la inseguridad y el miedo, pero Dios la llevó a un servicio en el que Él tocaba sus heridas más profundas y experimentó que cuando era débil entonces era fuerte. Vivió un tiempo de oscuridad interior. Entendió que Dios la esperaba y la amaba así, como ella era, débil y limitada. Orar es caminar hacia mi interior, hacia mi verdad, relacionarme con Dios Padre y Amigo, dejarse amar tal cual una es. Orar es dejar poseerse por Dios. La misión brota de esa intimidad con Dios porque en la oración el corazón se llena de los rostros de los demás. Mi debilidad fue el lugar donde experimenté la ternura de Dios.

Por último escuchamos a Cristiana Tamagnini, carmelita misionera seglar.


Este testimonio ha sido entrañable, expresado con sinceridad y fuerte emoción. Cristiana tiene la experiencia de estar en Él, que no sabe definir bien, pero es algo así como acordarse de Él, dedicar tiempo a Él. Tiene conciencia de vivir una relación de amistad con Dios y que de ir creciendo. Se siente amada, y quiere responder a este amor. Hubo un momento que se agarró a Dios y le dijo con todas sus fuerzas que no la dejara nunca. Siente una presencia de Dios. Durante mucho tiempo sólo oraba con oraciones ya hechas. Pero desde su conversión se dio cuenta que Dios estaba siempre con ella. Ella deseó estar siempre en su presencia. Tiene deseos de estar siempre en Él. El camino de aprender a orar no ha sido lineal, porque la familia, los amigos, las dudas la iban alejando de Dios. Le parecía que no era posible conciliar la amistad con Jesús y su vida familiar y los amigos. Tenía muchas ganas de estar con Jesús, pero no encontraba nunca tiempo. Llegó un momento en que leyó los evangelios y conoció a un Jesús diferente. Comenzó a levantarse temprano para rezar el rosario, leer el evangelio y estar con Él y escribir algunos pensamientos. Comenzó a entregarse en la oración, dejar que Dios obrase.

Muchas gracias padre Eduardo Sanz por tu tarea de moderador de esta mesa.











 

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