XVI Cátedra Francisco Palau: La oración. Don y tarea. "Lucha del Alma con Dios"
CITeS-Universidad de la Mística,
Ávila, 20-22 marzo 2026
ENTRE LA HERIDA Y LA
BENDICIÓN: RAÍCES BÍBLICAS DE LA ORACIÓN EN LA LUCHA
Lola Jara, cm
En la tradición bíblica, el
encuentro con Dios no es un espacio de fe estática, es un proceso dinámico,
alguien que se adentra en un misterio que lo supera, interpela, pero finalmente
lo transforma.
El P. Palau coge la imagen de
Jacob en Peniel, herido pero bendecido, como imagen en su libro. Otras
figuras son: Moisés, Saulo, la samaritana y Pedro; ellas muestran que el
encuentro con Dios es experiencia concreta que hiere, pero que también sana y
envía. La relación con Dios no se reduce a obediencia pasiva o contemplación
serena. A través de todos estos personajes bíblicos, vemos cómo la fe madura
por el conflicto. Incluso María, la más humilde de las siervas, pregunta «cómo
puede ser esto». Su Lucha del alma con Dios es la actualización
contemporánea de una tradición bíblica milenaria.
Por qué la herida es condición
de bendición. Esta lucha nace de un choque de voluntades: la nuestra con la
de Dios. Lucha con Él, no contra Él. La victoria consiste en que Dios se
deje vencer por las importunaciones del alma.
Francisco Palau, estudioso de
la Biblia. Lucha es fruto de un contacto prolongado y profundo de
Palau con la Palabra de Dios. También en su época muchos escritores, músicos se
inspiran en la Biblia para crear sus obras. Palau es un autodidacta bíblico:
hace una lectura directa, usa la Vulgata… Busca en las Escrituras apoyo y
doctrina, es criterio de discernimiento en su vida. Entre las traducciones de
su tiempo, destacan las Biblias de Scío y Petisco-Torres Amat; aunque Palau
parece traducir directamente de la Vulgata. En cuanto a los comentaristas, usa
las obras de Migne, Cornelio a Lapide, Jacques Tirini. La Biblia es su criterio
de discernimiento y fuente de misión.
Lucha es un texto
bíblicamente tejido. Cuenta con 127 citas explícitas e innumerables resonancias
implícitas. Un estudio de Román Llamas de 1988 muestra la densidad de citas
bíblicas en la obra.
Jacob en Peniel es el armazón del
libro, modelo de esa lucha del alma con Dios (Gn 32), de la perseverancia que
exige la bendición. Esta es la clave palautiana de la vida espiritual: la
perseverancia; el alma que lucha no se resigna a perder la presencia de Dios.
Jesús es el foco que
ilumina este edificio: lo muestra en la tempestad y en Getsemaní. En la
tempestad, muestra la necesidad de orar a Dios en la crisis; pedagogía de urgir
a Dios en la crisis para salvar la navecilla de la Iglesia («Señor, salvadnos,
que perecemos»). En Getsemaní, la noche no es fracaso sino participación en
Cristo.
Los salmos son la herida
hecha palabra. El alma grita, llora y protesta hasta alcanzar la confianza. La
estructura del lamento es la respiración del alma de Palau.
El Padrenuestro en Lucha
está actualizado a la situación que vive la Iglesia en España en ese momento.
Presenta la oración como combate. «Venga tu Reino»: deseo de un orden civil que
permita la misión. «El pan nuestro»: se identifica con la Palabra, los
sacramentos y los predicadores; son instrumentos necesarios para que la
bendición de Dios se concrete en la vida social de España.
Da gran protagonismo al Espíritu
Santo y también a San José, copiando textos completos del Camino de
perfección haciendo alusión a San José como maestro de oración.
Arquitectura de la lucha
espiritual. El armazón es la lucha de Jacob que vence por su perseverancia.
El foco es Jesús, el Buen Pastor, en la tempestad y en Getsemaní. El
laboratorio son los salmos, espacio donde la herida grita, confía. La acción es
el Padrenuestro.
Marco bíblico: la lucha
como categoría espiritual. Cuatro movimientos en la lucha: el deseo, la
dialéctica, la herida y la bendición. Toda lucha espiritual nace del deseo, de
un anhelo, de hambre de Dios; impulsa al alma a salir de sí en busca de Dios.
La dialéctica entre el ocultamiento y la revelación: Dios se muestra y se
esconde; es la pedagogía divina. La tentación y la noche educan al alma para
que aprenda a querer lo que Dios quiere. La herida de Jacob no es un castigo,
sino la prueba de que el combate fue real; es el sello existencial de la
gracia, que recuerda la vulnerabilidad humana y la dependencia divina. La
herida no destruye, configura; es sacramento de presencia. La bendición es la
culminación del combate espiritual, no solo un favor concedido, sino
transformación ontológica. Es el paso de la autosuficiencia a la plenitud.
La actualidad palautiana
bíblica: una clave eclesial. No es solo un texto del pasado, sino una obra
viva que sigue acompañando procesos espirituales hoy. La herida: los
sufrimientos históricos de la Iglesia. Lucha: camino concreto de la oración y
la misión. Noche: espacio necesario de encuentro en un mundo fragmentado.
Bendición: victoria sobre los obstáculos y recuperación espiritual.
Conclusión: la Lucha
basada toda ella en la Palabra de Dios es un lugar de transformación. Solo
lucha quien ama, solo combate quien ha sido tocado por una presencia que no
quiere perder. La herida de Jacob, de los salmistas, de Jesús en Getsemaní…, la
reconoce Palau en su alma y cada uno de nosotros también. La lucha no es el
final sino el comienzo; la herida no es fracaso sino puerta abierta. La
bendición no es premio sino transformación. Que nos impulse a buscar a Dios
incluso cuando se oculta; de luchar con Él, no contra, hasta el amanecer. En
esa lucha Dios no es el enemigo que se vence sino el amado que transforma y se
rinde.

No hay comentarios:
Publicar un comentario