miércoles, 26 de marzo de 2025

Cátedra Francisco Palau 2025 - Esperanza y misericordia: un encuentro a la luz de la comunión

XV edición de la Cátedra Francisco Palau: «Despertando Esperanza»

CITeS – Universidad de la Mística. Ávila, 23 de marzo de 2025

Esperanza y misericordia: un encuentro a la luz de la comunión

María José Mariño, cm

La esperanza y la misericordia unidas desde la experiencia de comunión: la esperanza y su radicalidad

Hoy necesitamos más que nunca recuperar la radicalidad de la esperanza cristiana, respondiendo desde el Evangelio a una realidad que clama más que nunca por un motivo de esperanza. Es una fuerza silenciosa y modesta, que solo puede venir de Dios, bajo la que late un dinamismo confiado en alcanzar la plenitud que aún no poseemos, para caminar resistiendo la incertidumbre y el absurdo que nos cuestiona. El P. Palau nos ofrece una clave: la comunión. Nos va a servir sobre todo su vida, su vivencia del misterio y, sobre todo, cuando se confronta con la fuerza del mal.

La dialéctica de la esperanza en un mundo desesperanzado

La esperanza adopta formas distintas según el contexto en que nos encontramos; debe ser una esperanza encarnada.

El siglo XX ha sido testigo de a dónde abocan las utopías y los totalitarismos que pretenden salvar la humanidad. Auschwitz es el símbolo. Vivimos tiempos de incertidumbre e inestabilidad. La esperanza es siempre fuerza que nos ayuda a tender un puente hacia un mañana que soñamos.

Necesitamos descubrir la fuerza de esa esperanza que solo puede comprenderse en relación con la Trascendencia y con la alteridad, que nos habla de dejar el control, de no luchar contra los miedos sino de ir más allá. La radicalidad y fundamento de la esperanza está en que solo puede recibirse como gracia; no se trata de nuestros deseos ni de un mero consuelo o un anestésico para el malestar del presente. Es pasión de lo que está por venir, promesa de un futuro que afirma y sostiene el sentido de nuestro caminar hoy.

La comunión, fuente y horizonte de esperanza: la experiencia palautiana

La esperanza, confrontada con la realidad del mal, muestra al P. Palau y nos muestra que es real y que el mal no tiene carácter definitivo; puede ser una amenaza, pero pierde su fuerza ante la vida presente de la salvación.

Aunque descubre la vulnerabilidad que amenaza no poder vivir ese dinamismo, de ahí emerge el misterio que alienta y fortalece la comunión, el amor, y por tanto la esperanza. Desde la comunión, la esperanza muestra un rostro fundamental: solo puede conjugarse en primera persona del plural. Es la esperanza que descubrimos al vivirnos progresivamente unidos por los vínculos de comunión. La esperanza en Vallcarca es la del exorcista con sus hermanas y con los energúmenos: nosotros unidos en el misterio de comunión descubrimos como impulso y horizonte que nos impulsa a buscar juntos caminos y sin que la herida del mal pueda ya separarnos. Cuando más lleve el mal el rostro de mi hermano, más fuerte es la esperanza.

Vallcarca, lugar de la esperanza: Iglesia, mundo y comunión

Vallcarca va a ser por excelencia no solo el lugar de la lucha contra el mal, sino el lugar de la esperanza con la fuerza de la comunión, a través de las comunidades fraternas que acogen las víctimas y, en su camino de misericordia, se convierten en sacramento de comunión y salvación. La esperanza que se convierte en lucha y que, sin embargo, tiene un precio: compartir el camino de la cruz con las víctimas. Esa esperanza que nace de la comunión y la misericordia tiene un alcance social y eclesial que tenemos que mostrar.

Esperanza más allá de las esperanzas: el carácter escatológico de la esperanza, instancia crítica

La esperanza radical, que es gracia, va mucho más allá de nuestras esperanzas: trasciende las esperanzas intermedias, o sea, las formas concretas que adopta la praxis de la esperanza. Eso lo vive el P. Palau en Vallcarca; cada uno de esos combates es como si fuera el último, sin embargo, sigue la lucha,  los exorcismos. El P. Palau sufrirá un camino de cruz: la persecución, el conflicto con la Iglesia jerárquica y, sobre todo, la resistencia de los demonios, pues los energúmenos no se curan. Vallcarca nos dice que toda victoria sobre el mal es provisional; la definitiva solo la veremos en el futuro de Dios. Se nos invita a dejar lo logrado para seguir en camino hacia lo porvenir, que es gracia, es don. Solo entrando en la radicalidad de la Pascua, de la cruz, podemos descubrir la fuerza de la esperanza en Dios, que es una esperanza común, no individual.

Eucaristía, esperanza en el cuerpo de Cristo: la comunión en el hoy, anticipo de futuro.

La experiencia de Vallcarca se da en un contexto eucarístico, lugar donde se anticipa el futuro y vivimos el don de la comunión en esperanza. Es alimento para el camino.

Conclusión

Buscamos una esperanza que guía, da sentido, orienta a la humanidad, que busca vida pero que padece el desgarro del mal. La esperanza en Cristo es horizonte, sentido, ilumina el rostro de las víctimas, que ya no son despojos de la historia sino cuerpo de Cristo crucificado. Es la dimensión social y trascendente de la esperanza.









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